La Familia sin planes (de) trabajar
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Después de tanta improvisación terrorífica, el humorista Pablo Angeli volvió a los monólogos guionados que tan bien le quedan. Con su nuevo espectáculo “La Familia sin planes (de) trabajar”, despliega un amplio abanico de personajes, los cuales, desde sus decadencias y exacerbaciones, nos llevan hasta el extremo de la risa. Un diez con mayúscula para este artista que desde el teatro independiente, se pone a la altura creativa de las grandes figuras del humor porteño.
Todo comienza con la intempestiva aparición de “El bobito de Flores”, personaje que deja en claro los pilares por donde el público se irá moviendo durante toda la obra. No humor chabacano, no una sarta de improperios injustificados y mucho menos todos los lugares del mal gusto. Sí, una hora de humor tradicional, ameno y cotidiano.
Pasado este simpático adolescente, es el turno de su abuela, personaje siniestro si los hay, pero que se hace querer a fuerza de realidades paralelas. Otro acierto de Pablo Ángeli, al crear una criatura inédita en la actual cartelera. Con su peluca enredada y un glosario de alegorías, duplica la apuesta servida por su anterior personaje.
“La muerte”, muy bien caracterizado e interpelando al público de manera simpática, es otro de los puntos fuertes, que sumado al histrionismo del “Vampiro de Congreso”, hacen del show, una excelente propuesta para pasar una inmejorable noche de viernes.
Por último “La madre”, quien escoba en mano, defenestra a su familia mientras indaga en las historias de los espectadores. Hay que aclarar que todas sus intervenciones con el público están vestidas del más absoluto de los respetos.
Descansando en la tranquilidad que le ofrece un libro, cinco personajes y diferentes máscaras, Pablo Ángeli, viejo zorro de la improvisación, refuerza el mensaje cuando saca comentarios que no estaban en los planes de nadie. Y por suerte para el show, lo hace a menudo, por no decir que todo gira en torno al momento y al feedback con sus espectadores. Que por cierto queda rendido a su humor, al reírse con cualquiera de sus gestos.
Una hora a puro humor, donde todos quedan satisfechos, el proprio Pablo Ángeli por demostrar que se brindó al cien por cien y el público, por reconocer que reírse más, ya era perjudicial para su salud.
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Por Valeria Cantone exclusivo para Mujermilenio.com
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